Carta para las heroínas, las mamás
—Mamá, ¿qué hay de comer?
—Mamá, ¿dónde está mi camisa favorita?
—Mamá, me ayudas?
Ella siempre responde.
Siempre.
Con la sonrisa cansada y las manos llenas,
como si sostenerlo todo fuera parte de su naturaleza
cuando, en realidad, es parte de su carga.
Atraviesa todas nuestras etapas:
la infancia que exige,
la adolescencia que rechaza,
la juventud que olvida.
Y aun así sigue ahí, sin rencor, sin pausa.
Hay madres que pasan noches enteras mirando la puerta,
esperando que su hijo vuelva.
Se tragan el miedo como si fuera aire.
A algunas, ese hijo nunca les vuelve.
Y aun así siguen vivas… no sé cómo.
Otras educan contra lo que el mundo deshace.
Luchan contra pantallas, modas, violencias.
A veces solas,
haciendo de madre, de padre
y de todo lo que falta en esa casa.
Otras guardan lágrimas para después,
porque el enemigo duerme bajo su mismo techo.
Y sonríen, sonríen siempre,
porque si ellas se rompen,
se rompe la casa entera.
Son heroínas sin capa, sin guía, sin descanso.
Las que cargan con la culpa, el cansancio, la duda,
y aun así preparan la comida, buscan la camisa
y sostienen el mundo que otros creen sostener.
No reciben aplausos.
No reciben tregua.
No reciben descanso.
Pero si ellas se paran,
el mundo se cae.
Por eso, si tienes una heroína en casa, ve.
No mañana. Hoy.
Abrázala fuerte.
Ayúdala sin que te lo pida.
Cuídala como ella te cuidó incluso cuando no lo merecías.
Porque aunque lo den todo siempre…
¿quién cuida de ellas?
Haz por ella lo que ella haría por ti:
todo.
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Palabras desnudas, duelos y pequeñas verdades que duelen pero liberan. Si te quedas hasta el final del texto, te espera una voz que acompaña.
Nuevo episodio cada viernes. Voz sin Máscara — historias que no suenan bonitas pero son verdad.
